¡Qué alto está ésto!

La semana pasada estuve haciendo una ferrata. Para quien no sepa lo que es se puede remitir a la Wikipedia: «Una vía ferrata es un itinerario vertical equipado con diverso material: clavos, grapas, presas, pasamanos, cadenas, puentes colgantes y tirolinas, que permiten el ascenso con seguridad a zonas de difícil acceso para senderistas o no habituados a la escalada».

Hice la ferrata de "les Baumes Corcades", cerca del pueblo de Centelles, con 972 metros de altura, tres horas de subida y cuarenta y cinco minutos de bajada.

Quizás parece fácil pero debo reconocer que es bastante difícil y en algunos momentos se hace bastante duro sobre todo cuando hay que cruzar el puente nepalí, posiblemente lo que más me impresionó, pero una vez llegas arriba puedes sentirte satisfecho.

Aquel hombre sólo tenía una pierna

Hace unas semanas que nos reunimos unos amigos e hicimos un pequeño juego. Consistía en escribir un relato entre los seis de manera que cada uno de nosotros iba escribiendo un párrafo pero únicamente leyendo el párrafo que había escrito la persona anterior y así sucesivamente.

Han colaborado a crear esta obra maestra Nieves, Nati, Dario, Rubén y Sergio.

El relato

Aquel hombre sólo tenía una pierna, pero le iba tela la vida loca... por eso entró en aquel local. Las luces no dejaban de parpadear así que llegó a tientas hasta la barra y una camarera, sin mediar palabra, le sirvió su copa preferida.

Al amanecer no recordaba nada de la noche anterior, sentía una gran sensación de ardor en su brazo derecho, al mirar su antebrazo vio que tenía tatuado un dinosaurio. Sin duda, no había sido un sueño. La ceremonia de iniciación fue real. Ahora pertenecía a la sagrada orden del temple de los legionarios del diplodocus y podía por fin entrar en el templo de la orden para resolver el misterio.

Empecé buscando una pista, interrogando disimuladamente a los hermanos de la orden, aunque poco saqué de ellos. Pero revisando los libros antiguos de la gran biblioteca encontré algo.

Siete de Julio de 2007, a las 20:45 ¿en donde? ¿para qué? ¿con quien? Eran muchas preguntas... y pocas respuestas. Nada que no se pueda solucionar con White Label y una cachimba. Así que agarré mi botella de White Label y me fui a arreglar el mundo ayudado de Lucas, mi super-gnomo imaginario. Aunque después de mucho meditar, el mundo siempre se las arregló sin mi. La verdad es que Lucas parecía tan cariñoso que era una pena no dedicar más tiempo a cultivar nuestra amistad.

Así que puse manos a la obra y lancé unas indirectas con el fin de conseguir una cita y con suerte, acabar juntos en la cama de un motel de carretera. Y vaya si funcionó. Casi sin darme cuenta estábamos revolcándonos en la habitación del motel. Le arranqué la ropa interior y la penetré. Ella se retorcía de placer y nuestros cuerpos se fusionaron como si fuera uno. Cuando se fue, ya se había ido.

¡Será zorra!, pensé. Me levanté, me pegué una ducha y salí a tomarme un copazo y fumarme un cigarro al bar del asqueroso motel donde me encontraba. Dejé pasar el tiempo... la noche mejoró entre copas y cigarrillos pero no puedo contar como terminó... tan solo diré que soy feliz, solo entre libros y polvos...