La herencia

Un anciano, en su lecho de muerte, llamó a sus tres hijos y les dijo: «No puedo dividir en tres lo que poseo. Eso dejaría muy pocos bienes para cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente. Dicho de otra manera: a mi mejor hijo. He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Cogedla. El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedará con todo».

Se fueron. El primer hijo compró paja, pero sólo consiguió llenar la casa hasta la mitad. El segundo compró sacos de plumas, pero no consiguió llenar la casa más que el anterior. El tercer hijo, que consiguió la herencia, sólo compró un pequeño objeto. Era una vela. Esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.

El problema

Un anciano iba en su camello cuando se encontró con tres jovenes que estaban discutiendo. El anciano se interesó y los jóvenes le explicaron que su padre había muerto y les había dejado como herencia 17 camellos. El padre quería que los repartiesen de la siguiente manera: la mitad para el mayor, una tercera parte para el mediano y una novena parte para el pequeño.

Los hijos no se ponían de acuerdo en el reparto pero el anciano les explicó cómo hacerlo. ¿Cuantos camellos le corresponden a cada hijo? Solución

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