Dicen que una vez, había un ciego sentado en un parque, con una gorra a sus pies y un cartel en el que, escrito con tiza blanca, decía: «POR FAVOR AYÚDEME, SOY CIEGO».
Un creativo de publicidad que pasaba frente a él, se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra. Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio la vuelta, tomó una tiza y escribió otro anuncio. Volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue.
Por la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna. Ahora su gorra estaba llena de billetes y monedas.
El ciego reconociendo sus pasos le preguntó si había sido él quien reescribió su cartel y sobre todo, qué era lo que había escrito allí.
El publicista le contestó: «Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras».
Sonrió y siguió su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía: «ESTAMOS EN PRIMAVERA, Y... YO NO PUEDO VERLA».
El problema
El señor Nocnir había llegado a la última prueba de un concurso de televisión. El presentador le da a escoger entre tres puertas y sólo debe acertar tras cual está el preciado coche.
El señor Nocnir elige la puerta número 2. El presentador abre la puerta número 1 y le muestra al concursante que detrás de ésta no hay nada. A continuación, el presentador le ofrece la posibilidad de cambiar la puerta elegida por la número 3.
Si fueras el concursante... ¿Qué harías en su lugar? ¿Es lo mismo cambiar la puerta que quedarse con ella? Solución
Un banquero estaba en el muelle de un pueblecito costero cuando llegó un botecito con un solo pescador. Dentro del bote había varios atunes de buen tamaño. El banquero elogió al pescador por el pescado y le preguntó cuanto tiempo le había llevado pescarlos. El pescador respondió que sólo un poco de tiempo y el banquero le preguntó por que no permanecía más tiempo en el mar y sacaba más pescado.
Dicen que cierto rey quedó tan maravillado de este juego que hizo llamar a su inventor y le ofreció
todo lo que quisiera. El inventor que era muy sabio y quería darle una lección de humildad al rey, sólo pidió que en el primer escaque del tablero pusieran un grano de trigo, dos en el segundo escaque y así sucesivamente poniendo en cada escaque el doble de granos que en el escaque anterior.